Cementerio de máquinasj. edwards
fecha: 2025-05-22 03:27:21
Llueve sobre el cementerio de las viejas computadoras. Las gotas golpean pantallas que ya no reflejan rostros, teclados cubiertos de musgo donde aún duerme una contraseña olvidada. Un ratón sin cable se oxida bajo el canto oblicuo del agua. Y en algún disco duro una canción sin abrir repite su estribillo sin que nadie la escuche. Llueve, y cada chispa que fue regresa al barro.
También levantaré mis redesj. edwards
fecha: 2025-05-15 03:59:17
Como el pescador, también levantaré mis redes. Las he dejado demasiado tiempo sumergidas en aguas turbias, arrastrando peces sin alma, restos de conversaciones rotas, la luz falsa de reflejos que no alumbran. Ya no quiero más el zumbido de voces sin rostro, la avalancha de días ajenos que se cuelan por las ventanas como humo sin fuego. He olvidado cómo se nombra el silencio, cómo se huele la tierra después de la lluvia sin pensar si alguien más lo ha dicho ya mejor que yo. Como el pescador, me sentaré al borde de la orilla a remendar mi tiempo, a observar el vuelo de un ave cualquiera sin necesidad de compartirlo. Quizás aún me esperen las palabras que no necesitan aplauso, la mirada que no se refleja en ningún espejo, la paz que huele a pan recién partido en una casa sin notificaciones. Levantaré mis redes, y si algo he atrapado en ellas, será el deseo de volver, algún día, cuando ya no me duela no ser visto.
He descendido por el largo pasadizo de las fotos olvidadasj. edwards
fecha: 2025-05-10 17:00:19
He descendido por el largo pasadizo de las fotos olvidadas, como quien baja al sótano de una casa donde aún flotan las voces de los que rieron. Y ahí estaban: Una captura de pantalla de un mensaje que alguien me escribió cuando todavía creía en mí. Un meme sin sentido que me hizo reír mientras afuera llovía y yo no tenía a nadie. Una selfie torcida, con el sol golpeando de frente y los ojos entrecerrados, pero con esa cara que uno sólo tiene cuando no sabe que es feliz. Fotos de comidas desaparecidas, de amigos que ya no me escriben, de plantas que murieron pero fueron amadas. Un amanecer visto desde un bus, el reflejo de una lámpara en la ventana, el nombre de una canción escrito con torpeza en la palma de mi mano. Y de pronto, algo más que imágenes: Un calor breve en el pecho, una certeza inútil pero luminosa: “Viví esto. Estuve ahí.” Y aunque todo esté borrado en la nube, aunque nadie más recuerde ni esa tarde ni esa risa, yo he vuelto a encontrar, entre píxeles dormidos, el mapa secreto de mis días.
Nueve años despuésj. edwards
fecha: 2025-05-10 01:24:23
No hay campanas que anuncien tu nombre, ni golondrinas que dibujen tu rostro en la pantalla. El teclado calla como un perro viejo que ya no espera silbidos en la noche. Fuiste una línea verde, un ícono titilando, el sonido breve de una llegada. Pero ahora el cursor parpadea solo como un faro que ha olvidado los barcos. En otra época nos hablábamos con palabras que se deshacían como pan en leche caliente. Te reías de cosas que ya no entiendo, yo te enviaba imágenes de inviernos que apenas recuerdo. Ahora no sé si vives, si aún hablas con el mismo acento, si recuerdas aquel mensaje que quedó sin respuesta como una carta perdida bajo la lluvia. He vuelto a abrir el chat como quien abre el desván de los veranos, y allí están: los emojis que aún conservan su color, la frase donde nos dijimos “hasta mañana” y que duró nueve años. Nadie recoge esas palabras que se oxidan entre notificaciones olvidadas. Pero hoy —como quien se encuentra un pañuelo en el bolsillo de un abrigo viejo— me detengo a leer lo que no dijimos. Y no es tristeza, sino la forma que tiene la ausencia de hacer crujir las hojas secas bajo las suelas del tiempo.