1er Campeonato Mundial de Baloncesto Autogestionado y Anticapitalista (con pausa para el pozol)Comandante Markov
fecha: 2025-06-10 17:55:04
## MANIFIESTO DESDE LA CANCHA ### I. LA PROMESA ROTA DEL CONCRETO La cancha llegó antes que muchas otras cosas. Antes que el agua potable. Antes que el centro de salud. Antes que el acceso libre a la tierra. Llegó como una dádiva del Estado, pero no era un regalo. Era un esquema. Una cuadrícula para alinear los cuerpos y las ideas. Desde los años veinte del siglo pasado, el Estado mexicano convirtió la cancha en núcleo de su proyecto civilizatorio: el maestro rural, el evangelizador lingüístico, el promotor del deporte y el orden. La cancha era un escenario para el discurso oficial. Una pista para el desfile cívico. Un centro de vigilancia desde donde ver sin ser visto. Un espacio donde la comunidad era convocada pero no escuchada. Allí, bajo el sol o la lluvia, se pronunciaban arengas sobre patria y obediencia. Allí aterrizaban helicópteros y se instalaban retenes. Allí se fabricaba un nosotros excluyente. Era, en suma, un instrumento del poder. Un territorio de concreto endurecido por la promesa rota del progreso. ### II. LA SUPERFICIE TOMADA Pero la historia no es lineal. Y la cancha, tampoco. Después de 1994, algo cambió. Las comunidades zapatistas no demolieron la cancha. La ocuparon. La transformaron. La tomaron sin permiso. La devolvieron al pueblo. La hicieron comunal. Ahí donde antes se reunía la autoridad, se formó la asamblea. Ahí donde se proyectaban arengas, se escucharon palabras en lengua propia. La cancha fue resignificada como espacio de alegría y dignidad. Se volvió pista de baile, lugar de encuentro, foro de palabra libre, centro ceremonial. La geometría del control fue replegada. En su lugar, emergió una nueva lógica: la de la participación directa, la del tiempo circular, la del cuidado mutuo. Ahora, cuando se entra a una cancha zapatista, se lee en la entrada: **“Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece.”** Y eso no es una consigna. Es una práctica cotidiana. ### III. EL JUEGO, LA FIESTA, LA UTOPÍA Y en medio de todo, se juega. Se juega basquetbol. Pero no como deporte competitivo. Sino como acto colectivo. Como ritmo. Como ceremonia. En el torneo zapatista, no se disputa una copa. Se celebra estar vivos. Estar juntas. Resistir. El balón rebota sobre concreto rebelde. Cada bote es una risa. Cada pase, un acto de confianza. Cada canasta, una pequeña victoria. Y llega el momento más esperado: el **torneo intergaláctico**. Equipos de todo el planeta se presentan. Pero todos lo saben: **la final será EZLN vs EZLN**. ¿Por qué? Porque el objetivo no es vencer. Es compartir. Es provocar la carcajada y el abrazo. Es burlar la lógica del espectáculo. Es jugar con las reglas y a pesar de ellas. Y si algún equipo ajeno osa ganar, será detenido, criticado en asamblea, y condenado a escuchar “Fox Contigo” completo. El castigo más temido. Mientras tanto, el pozol agrio corre generoso. La lluvia cae sin pedir permiso. La cancha, húmeda y viva, sigue vibrando. Aquí el juego no termina. Porque el juego es el mundo. Y en este rincón del mundo, **el balón no se detiene.**