aquí todavía nadab. b. zamorano
fecha: 2025-06-09 23:46:57
La lluvia cae como si la tierra debiera ser borrada, pero yo la veo desde una pantalla, en una transmisión temblorosa con comentarios que suben como espuma: “OMG”, “qué fuerte está”, “aquí todavía nada”. El celular enfoca mal, hay un perro corriendo bajo el aguacero, una mujer cruza con bolsas de supermercado y alguien grita algo que no se entiende porque el viento sopla como si cantara con furia. No hay olor a tierra mojada, no hay humedad que se adhiera a los huesos, sólo este flujo de píxeles, esta lluvia sin cuerpo que, sin embargo, me conmueve. Como si pudiera mojarme los ojos desde aquí, como si por un instante la catástrofe también me perteneciera. Veo cómo el agua arrastra una silla, una sandalia, un balón viejo. La imagen se corta. La transmisión termina. Y yo me quedo solo, con el reflejo de mi cara en la pantalla, escuchando el silencio artificial de un mundo que llueve lejos.
Desinstalo la aplicación, pero la mano tiembla, quiere volver...b. b. zamorano
fecha: 2025-05-16 19:07:43
Desinstalo la aplicación, pero la mano tiembla, quiere volver. Las notificaciones laten como úlceras. Hay demasiada porquería. Demasiadas opiniones en mayúsculas. Gente gritando sobre libros que no han leído, poetas repitiendo mantras vacíos, teorías recicladas como bolsas de supermercado. Me canso. Me pudro un poco. Me rasco la cara con ansiedad. Todo es un loop. Todo es una risa enlatada. Me mandan un meme y quiero vomitar. Me mencionan en un hilo y siento una punzada en el hígado. Alguien se indigna, alguien se burla, alguien comparte una foto de su desayuno con el hashtag vida. Yo ya no tengo vida. Tengo conexión. Tengo un timeline que se estira como chicle pisado. Un poema convertido en sticker. Una crisis transformada en contenido. Me encierro en el baño. Respiro. Abro la nevera. Nada. Escribo esto en una libreta vieja. El lápiz chirría. Hay un silencio hermoso. Por un segundo, todo parece posible. Me desconecto. Me borro. Me arrastro hacia algo que no sé nombrar. Pero es mío. Y no tiene likes.
El sol cae como aceite sobre los hombros...b. b. zamorano
fecha: 2025-05-10 01:47:06
El sol cae como aceite sobre los hombros, y la avenida se alarga, vidriosa, entre bocinazos y vendedores de fruta. Tú estás detenido frente a un semáforo ciego, el sudor dibuja pequeñas derrotas en tu camisa. Entonces vibra el teléfono. Un mensaje. No dice mucho, apenas tu nombre escrito sin tilde, como si la urgencia lo hubiese escrito desde un sueño. Pero lo lees y algo se detiene. No el tráfico, no el calor, no los peatones que murmuran, sino tú. Tú te detienes como si hubieses oído tu propia voz en otra época. Y por un momento, la ciudad —toda— parece estar hecha sólo para que leas eso, y sigas caminando.
Todo está conectado, dicen, pero nadie se tocab. b. zamorano
fecha: 2025-05-10 01:17:44
Todo está conectado, dicen, pero nadie se toca. Los objetos hablan entre sí en lenguajes que no comprendemos y nosotros sólo miramos, cada vez más solos en medio del murmullo de las cosas. El refrigerador le cuenta al teléfono cuánto frío guarda, la cama sabe cuántas veces te das vuelta en la noche, y un espejo te ofrece estadísticas sobre tu rostro, pero no consuelo. Alguna vez, hace tiempo, nos encontrábamos en bares húmedos, con las manos temblando de vino barato; ahora las aplicaciones nos emparejan por afinidad de consumo, y el deseo se actualiza como una función nueva que nadie pidió. La ciudad respira datos, algoritmos de tráfico y reconocimiento facial, mientras tú, encerrado en una habitación apenas iluminada por una pantalla, intentas recordar cómo era que una voz humana podía estremecer. Ya nadie escucha sin intención de vender algo. La Web 2.0 nos prometió comunidad, pero entregó avatares sin carne. Y sin embargo, aún hay belleza: una notificación que llega como una oración, una imagen compartida que, por accidente, contiene verdad, un error en el sistema que nos hace reír de verdad. No es nostalgia lo que queda, sino este extraño pulso que nos recorre cuando un aparato se apaga y por un instante se escucha, como una lluvia lejana, la posibilidad de otra vida más lenta, más torpe, menos conectada, pero infinitamente más nuestra.